Amado Boudou, por Augusto Pryor

 

Corrían los 80 y la música electrónica en Argentina estaba dándose a conocer, en un lugar de Capital un tal Hernan Cattaneo comenzaba a pinchar en discos famosas , mezclando sonidos electrónicos con bajos y baterías repetitivas, mientras que en Mar del Plata, comenzaba a aparecer la sombra de una figura que llevaría música al país, él era… Dj Boubou más conocido como Amado Boudou.

Amado era un joven como tantos otros en los 80 que gustaba de salir, de las fiestas y las bellas mujeres, conocía la noche como si hubiera nacido en ella.

Soñaba con una casa junto al mar para poder explorar el horizonte con sus melodías, cuentan las malas lenguas que Amado era terrible, no dejaba títere con cabeza, era el Richard Gere sudaca pero sin budismo, por su médano pasaron muchas ojotas.

Su guitarra Gibson Les Paul que tantos acordes le enseñó era testigo de sus sueños.

La ambición lo llevó a ser director del Anses, un puesto heredado de su gran amigo Sergio Massa, el tiempo y su carisma hicieron el resto.

Su gran amor llegó con un premio, primero fue Ministro de economía y luego vicepresidente, tal vez de la persona que más lo quiso y no pudo dejar atrás.

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Uno de sus legados en el Banco Nación no fue el haberse quedado con la imprenta de los billetes, sino el haber creado su propia Discoteca dentro del banco, donde el podía seguir despuntando su vicio, las bandejas. Amado siempre quiso ser un gran DJ.

Todo comenzó a desmoronarse cuando en un arrebato de indiferencia le dijo “concheta de la plata” a quien le había dado tal vez sus mejores años.

Denuncias penales mancharon su honra humillándolo tal vez aún más que si lo hubieran dejado en patas.

Amores truncos con coloradas hinduistas, motos de alta cilindrada que no le daban la adrenalina que él había perdido. Todo fue en caída libre.

La música ya no suena, la ciudad ya ardió y solo quedan cenizas y un chaleco ajustado apretando el último aliento.

En su medano quedaron las ojotas que no supo vestir esa fría mañana de noviembre. Amado se unió al club del casco.

 

 

Por Augusto Pryor
TWT | @AugustoPryor

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