El argentino es un esclavo tributario, por Ignacio Tesón

Siguiendo por la misma línea que el artículo anterior respecto a La bicicleta de la ignorancia, otro de los grandes mitos y farsas repetidas por los políticos argentinos demagogos es la mal llamada renta financiera, con la cual nos dicen que mediante artimañas financieras se logra abusar del siempre indefenso “laburante” y se desestabiliza el bienestar general. Pero… ¿En que consiste realmente este “vil” concepto?

La renta financiera es la forma peyorativa de llamarle al resultado de los ahorros de los argentinos. Para el político demagogo, es útil encuadrar el problema como un supuesto conflicto de intereses entre los que quieren sacar provecho del presunto ciudadano y éste último. El desconocimiento generalizado en materia de finanzas da pie al aprovechamiento de esta falencia y la creación de la manipulación discursiva de la malévola renta financiera.

El rédito político es claro. El demagogo se presenta como salvador del pueblo y apela a los sentimientos engendrados por la falsa dicotomía planteada. No es más que un claro ejemplo del uso generalizado de la falacia del hombre paja de los políticos. Es decir, la creación de un falso enemigo, el nacimiento del paladín bienintencionado y la épica cruzada por la supuesta justicia.

Una vez más es necesario desenmascarar estas mentiras generalizadas y ampliamente repetidas: el gravamen de los mecanismos de ahorro de los argentinos supondría un nuevo avance sobre la propiedad de los ciudadanos y su capacidad de disponer libremente de su dinero de la forma que los haga más felices. Según plantean los políticos, los plazos fijos, por dar un ejemplo, son un privilegio que debería ser castigado mediante impuestos. Parece que han olvidado que el ahorro y la inversión son los únicos mecanismos de progreso en el largo plazo. Por otro lado, los plazos fijos son los instrumentos de ahorro más difundidos en la población, gravarlos sería quitar ahorros del trabajo de los ciudadanos para entregarlos al estado.

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Otro de las artimañas discursivas utilizadas es el mito de las Lebacs, las cuales hemos discutido anteriormente. Pero no conformes aún, claman por imponer a quienes tengan acciones, bonos u otros instrumentos de ahorro impuestos que supuestamente permitirá que la economía mejore. Más allá del absurdo del planteo, es necesario mencionar que la renta financiera de las empresas y personas jurídicas en general ya se encuentra gravada, es decir, cuando una empresa compra y vende acciones o títulos públicos posteriormente a un precio mayor, es castigada con la alícuota correspondiente del 35%. Está claro que el político es sumamente utilitario respecto a estos temas.

El uso de sofismas vagos no puede tapar una realidad mayor. Lo que se busca gravar es el ahorro de la persona física, es decir, la persona de a pie, encuadrando el castigo a la persona ahorradora como un beneficio social. Y es que esto solo es un patético intento de raspar el fondo de una olla que no da para más. El peso de los impuestos sobre la producción de todos los bienes y servicios de la economía (PBI) alcanza el 32%, solo por detrás de Cuba con 38,6% del PBI. Los supuestos beneficios de la redistribución mediante la coacción estatal y la imposición de tributos no han servido para disminuir la pobreza. Por el contrario, hoy los argentinos deben trabajar entre 174 y 206 días de los 365 disponibles solo para poder pagar sus impuestos. La realidad es una sola: El argentino es un esclavo tributario que transita un camino de servidumbre cuyo patrón es el estado.

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Gentileza economis.com.ar

 

Actualmente existen poco más de 340.000 cuentas abiertas en caja de valores que es donde se encuentran custodiados gran parte de los títulos valores (acciones, bonos, etc.). de los argentinos. Si tomamos como referencia este número, queda claro que solo una pequeñísima proporción (1%) de los argentinos conoce el mercado de capitales u otros métodos de ahorro fuera del plazo fijo, el dólar y los ladrillos.

Argentina debe fomentar una cultura que premie la inversión, no que la castigue. Solo el ahorro y la inversión permiten producir más y mejor a las empresas, adquirir más bienes y de mayor importancia a los ciudadanos. (como un hogar) El consumo como base del bienestar es efímero y es una visión puramente cortoplacista. El gobierno debe plantear reglas de juego claras para producir un circulo virtuoso en el cual la inversión, trabajo, el ahorro y posteriormente el consumo sean los motores de la economía. Solo de esa manera puede uno mantener un crecimiento sustentable en el tiempo.

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