¿Ni una menos?, por Clarita Funes

Hace ya largo rato, un grupo de mujeres se autoconvocaron como referentes del feminismo en el país. No sólo marcaron la agenda en cuestiones de género sino que además decidieron quienes pueden integrar el movimiento y quienes no e incluso, se atrevieron a denostar el trabajo de años de mujeres como Fabiana Túñez – cofundadora de la Casa del Encuentro -, quien fue precursora en la lucha contra la violencia de género y encargada, junto a su institución, de llevar un registro de los femicidios desde 2003, a falta de datos y estadísticas oficiales.

Bajo slogans pegadizos y marketineros como Ni una menos, se atribuyeron la potestad sobre las opiniones, decisiones, valoraciones, acciones y omisiones de “todos y todas”, o como dirían ellas, con esos intentos absurdos de generar una igualdad de ficción: de “todxs”.

Este grupo de mujeres, que se cree superior intelectual y moralmente a todo el resto, que se pasan discriminando e insultando a todos los que no piensan como ellas, iniciaron su movimiento propagandístico con el discurso armado y la sobreactuación en las redes sociales. Luego pasaron a los medios y, finalmente, llegaron a las calles proponiendo consignas como “muerte a los hombres”, o “si estás esperando un hijo varón abortalo”. Al igual que todo movimiento proveniente de la izquierda fascista, lograron degenerar un reclamo que más que legítimo es necesario, y que es simple y es claro: no abusen, no golpeen, no violen ni maten más mujeres.

Así y todo, supongamos que hasta ahí se las podía entender. Ojo, jamás comprendí como no denuncian la violencia de cualquier ser humano hacia cualquier ser humano, pero bueno, yo soy “de la puta oligarquía”, por ende, inferior a todas estas iluminadas de nuestra época y, encima de todo, por más que me avergüence admitirlo, soy HETEROSEXUAL (una porquería según todas estas promulgadoras de la paz).

A las marchas invitándonos a matar un hombre por cada mujer muerta, les sobrevino un fenómeno rarísimo: la condena al desnudo de las modelos o vedettes y el enaltecimiento del mismo en la vía pública para luchar en contra de los femicidios (¿?). A mí, no me afecta ni uno ni otro, pero chicas, por favor, un poco de coherencia, si nos desnudamos, nos desnudamos todas y no juzguemos a nadie. El asunto es que, para las abanderadas de la cuestión de género, las chicas que cobran por salir desnudas en una revista, decidiendo por sí mismas lo que hacen con su cuerpo o como explotan sus atributos, son PUTAS, huecas, taradas, no se respetan a sí mismas y se objetivan a los pies del “macho”…

…O sea, ellas, que arengan al aborto bajo el lema “sobre tu cuerpo decidís vos”, pretenden decidir sobre los cuerpos de las demás, touché.

Y vamos a seguir suponiendo que la cosa todavía no era tan grave, hasta que se empezaron a deslizar signos de interrogación cercando al Ni Una Menos.

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El comunicador kirchnerista Mariano Feuer fue denunciado por violencia de género por varias mujeres, pero como es “amigo de la casa”, tanto los medios como las agrupaciones políticas que utilizan los derechos humanos a conveniencia, y, por supuesto, las feminazis optaron por el silencio y hasta crucificaron a la guionista Carolina Aguirre por hacer público el abuso y maltrato que recibió de parte de este engendro.

Las mismas que marcharon pidiendo por la liberación de la puntera Milagros Sala, se rieron de las MUJERES que denunciaron haber sido agredidas psíquica y físicamente por la líder de la Tupac Amaru. De las denuncias que acumula la amiga de lo ajeno de Sala, me quedó grabado el testimonio de Cecilia Velázquez –ex beneficiaria de la Tupac Amaru-: “Milagro Sala iba a la cooperativa donde trabajábamos y nos pegaba con un garrote mientras nos decía que en las marchas, a las que estábamos obligados a ir, teníamos que saltar, gritar e insultar. Por los maltratos en 2011 decidí abandonar la agrupación y allí comenzó mi pesadilla. Milagro Sala me citó en la sede de la Tupac. Ahí me golpeó junto a Shakira y todo su entorno. Me encerraron en un cuarto, me pegaron piñas y patadas. Me insultaban y me tiraban agua fría. Me dejaron inconsciente”… Pero los que aborrecemos a esta infame, según las “dedocráticas” feministas, lo hacemos porque es “negra y coya”, no por ladrona, corrupta, violenta y asesina.

No obstante  cuando pensaba que las Ni Una Menos no le podrían poner más signos de interrogación a su consigna, lograron sorprenderme.

Fue en estos días, en el marco de un abuso durante la toma del colegio Nacional Buenos Aires, cometido por un joven de 18 años contra una menor de 14, bajo la complicidad de todos sus compañeros y el silencio de “todxs”.

El motivo del mutis es, irónicamente, estruendoso: “no hablamos para no deslegitimar la toma”. Canallas como Gabriel Solano, no sólo no repudiaron el acto de acoso sobre la menor sino que osó en llamarnos miserables a quienes si condenamos semejante aberración. Algunas deforestadas mentales argumentaron que “las violaciones se dan siempre en los colegios no sólo en las tomas”, para resguardar el accionar ilegal por sobre el bienestar de la estudiante.

Sus compañeros, cómplices, cobardes, se escudaron en un comunicado berreta y en un pedido al agresor sexual a que se retire de la toma (en realidad está de viaje de egresados, todo pantomima). Desde el colegio –míticamente considerado educación de elite- atinaron a decir que se iban a asegurar de que el acosador y la acosada no se crucen –lograron igualdad entre víctma y victimario, puntito para ustedes-, y el zaffaronista rector del CNBA, Gustavo Zorzoli, expresó que es “fundamental determinar si esa relación fue consentida o no” –el “estaba usando minishort del pseudo progresismo idiota”. Lo más triste y complejo de esta situación es que, incluso, los padres de la víctima también encubrieron la agresión sexual, ponderando una ideología por sobre la integridad de su propia hija.

Las que tomaron como propia la lucha contra la violencia de género -que nos compete a todas- una vez más, volvieron a cerrar la boca y, mientras tanto, entre silencio y silencio ensordecedor, se siguen violando los derechos y garantías de la mujer, y encubiertos por sus propias promotoras, dos signos de interrogación están violando al Ni Una Menos.

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2 Comentarios

  1. Me lo contó un zurdo 30 septiembre, 2017
  2. Letrine 29 septiembre, 2017

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